Discos

Experimental Bellini

Raúl González Arévalo

lunes, 29 de septiembre de 2008
Vincenzo Bellini: La Straniera, melodrama en dos actos (1829). Libreto de Felice Romani. Patrizia Ciofi (Alaide, La straniera), Mark Stone (el barón de Valdeburgo), Darío Schmunck (Arturo, conde de Ravenstel), Enkelejda Shkosa (Isoletta), Graeme Broadbent (Prior de los Hospitalarios), Roland Wood (el señor de Montolino), Osburgo (Aled Hall). Geoffrey Mitchell Choir. London Philarmonic Orchestra. David Parry, director. Jonathan Stokes y Neil Hutchinson, ingenieros de sonido. 2 SACD (DDD) de 150 minutos de duración. Grabado en el Henry Wood Hall de Londres (Reino Unido) en octubre-noviembre de 2007. Opera Rara ORC38. Distribuidor en España: Diverdi
Dejando de lado las dos primeras óperas del catálogo belliniano (Adelson e Salvini y Bianca e Fernando) y las dos que encontraron un fracaso total (Zaira) o parcial (Beatrice di Tenda), La Straniera es con seguridad, de entre todos sus éxitos, la menos conocida hoy día. Y ello a pesar de haber supuesto un triunfo incluso superior al de Il pirata, no obstante la ausencia del deseado Rubini, como se podría desprender del mayor número de funciones seguidas.

Es posible que en esta circunstancia tenga que ver el carácter experimental de la obra, pues Bellini prefirió concentrar el desarrollo dramático suprimendo números solistas (un aria de entrada y escena final para la soprano, una para la mezzo y otra para el barítono: el gran perjudicado es el tenor), potenciando los números de conjunto y, sobre todo, haciendo uso del arioso. A ello se une el tratamiento sobrio de la coloratura, en comparación con el resto de su producción.

Con todo, la obra presenta un indudable interés, como comprendieron en su día artistas de la talla de Renata Scotto primero (1968-72) y Montserrat Caballé después (1969). Lástima que ninguna discográfica aprovechara la ocasión para grabarlas en estudio. Ha tenido que hacerlo Opera Rara (¡una vez más!), que escoge la obra belliniana de más difícil comprensión para incorporarlo a su consistente catálogo belcantístico. Con notables resultados.

El interesantísimo ensayo de Benjamin Walton, profesor de la Universidad de Cambridge -una vez más los textos introductorios de la discográfica no tienen rival- incide en el carácter rompedor de la obra así como en la cuidada planificación de su autor, que buscaba claramente repetir el éxito del Pirata para así afianzar su posición como sucesor de Rossini en Italia. Explica asimismo el problema que supuso la ausencia de Rubini y cómo condicionó la estructura de la ópera. Sorprendentemente sin embargo, y contrariamente a la tónica de la casa, no analiza en profundidad la vocalidad de la protagonista, Henriette Méric-Lalande, ni compara la escritura vocal de ‘Alaide’ con la de ‘Imogene’ o ‘Bianca’, por ceñirnos al ámbito belliniano destinado a esta cantante. Quizás no sea más que una casualidad, pero lo cierto es que a Patrizia Ciofi, que realiza la mejor labor posible con sus medios, le falta espesor vocal para sacar todo el jugo a los momentos dramáticos. La cabaletta final es un buen ejemplo.

Dejando de lado el testimonio irrepetible de la Caballé (histórica Lucrezia Borgia por otra parte, otro papel emblemático de la Méric-Lalande), perfecta vocal y dramáticamente, así como el de la Scotto, impecable en técnica, estilo y fraseo, pocas opciones hay entre los grandes nombres actuales. Ciertamente no lo sería la Gruberova, con un estilo muy personal de conferir dramatismo al bel canto italiano, ni Mariella Devia -quien pensó y finalmente renunció a interpretar ‘Alaide’- por el peso vocal. Lejos la Fleming -que asumió brillantemente el papel en 1993- del repertorio belcantístico (exceptuando ‘Imogene’ y ‘Borgia’, cuyos resultados dividieron visiblemente a los aficionados) entre las voces italianas era natural que se pensara en la Ciofi. La soprano sienesa está asumiendo papeles más pesados de los que de partida le permitirían sus características vocales y que le empujan excesivamente hasta sus propios límites, como puso de manifiesto otro papel de la Lalande recientemente afrontado, la ‘Palmide’ de Il crociato in Egitto de Meyerbeer.

Partiendo pues de un material vocal no ideal para la parte, puedo afirmar que Ciofi gana la apuesta gracias a una actuación inteligente, centrada en un fraseo lleno de intención y una indudable afinidad con el estilo y la melodía belliniana: no podía ser menos viniendo de una de las grandes ‘Giuliettas’ de nuestros días. Pasaré por alto algunos graves forzados para subrayar la delicadeza de las vocalizaciones del aria introductoria y el legato de “Ciel pietoso”. “Or sei pago”, la cabaletta final, está variada con enorme gusto, aunque echo en falta una mayor fuerza. En cualquier caso, no cabe duda de que estaba en gran forma durante la grabación y es la mejor del reparto.

Respecto a ‘Arturo’, es una lástima que Opera Rara no haya contado con Gregory Kunde (ya ha sido ‘Rodrigo’ en la Donna del lago de los británicos), impagable compañero de la Fleming cuando en 1993 cantó la versión reescrita por el propio Bellini para el mítico Rubini. No es que Schmunck esté fuera de lugar, pero el mayor dominio del estilo y la mayor facilidad en el agudo le dan ventaja al americano. Se echa en falta en el canto del tenor argentino un mayor refinamiento que redondeara una interpretación notable. De la misma manera, los medios aristados y la prestación de Mark Stone hacen bueno pero no excelente su ‘Valdeburgo’. Graeme Broadbent y Roland Wood son un buen apoyo entre los secundarios, aunque no puedo decir lo mismo de Aled Hall y su caricaturesco ‘Osburgo’. El vibrato descontrolado al cantar en forte desluce la prestación de Enkelejda Shkosa, quitando refinamiento a su ‘Isoletta’, aunque no se puede dudar que pone toda la carne en el asador.

David Parry dirige impecablemente la London Philarmonic Orchestra, con un gran sentido de los tiempos para resaltar la urgencia dramática del arioso o el legato de la melodía belliniana. Aprovecha además la calidad del conjunto y la estupenda -como siempre- toma de sonido para ofrecer unas texturas transparentes que revalorizan y ponen a disposición del oyente los detalles de la partitura como nunca antes había sido posible. Muy buena la prestación del Geoffrey Mitchell Choir. En definitiva, por muchos motivos -no menos importante el de la integralidad- una propuesta sin competencia y, sin duda, el lanzamiento estrella entre las novedades del 2008 de Opera Rara. Ahora sólo nos falta La laitière de Trianon en noviembre para cerrar el año.

Comentarios

Para escribir un comentario debes identificarte o registrarte.