Por segundo año consecutivo, la clausura del Festival Mozart de A Coruña viene de la mano de Rossini. Lejos de la excelencia del Viaggio a Reims de la pasada temporada y del impecable Barbero de Sevilla de 1999, este Turco contó con los aditamentos gloriosos de una Moreno en estado de gracia y de un veterano Alberto Zedda, capaz del prodigio cuando dirige la música de su querido compositor. Por desgracia, Lluis Pasqual no nos contó una historia y su dirección escénica navegó sin rumbo por entre unos bellos decorados y un inapropiado vestuario.En primer lugar, Prodoscimo es testigo y comentarista de la acción, lo que no implica en ningún momento que deba erigirse en director teatral. Carece de sentido que los personajes suban a un improvisado escenario formado por mesas de madera para representar una farsa que no tiene que ver con el…
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