En épocas en que todo parece volverse oscuro, problemático, difícil, imprevisible, la música, determinada música, puede obrar milagros. Llegar cansados de una jornada de trabajo bajo una lluvia tenaz puede invitar, al sentarse, a dormitar. Pero si aparecen unos señores y señoras vestidos con sus galas de uniforme que parecen conocer lo que hacen y gustar de ello, las energías se recuperan más y mejor que con unas cabezadas. Si, además, ejecutan unas músicas de autores que uno puede considerar ‘amigos’ (conozca más o menos las obras precisas que se ejecutan), no sólo se reconstituye el cuerpo. La tonificación de eso que llamamos por comodidad ‘espíritu’ o ‘alma’ está más que garantizada. Es cierto que, si las obras son conocidas, pueden -y suelen- llevar a asociaciones inevitables que pueden teñir la audición de alguna nostalgia o…
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