Un buen trabajo coral, unos acertados solistas, una batuta llevada por alguien a quien el gusto musical le viene de familia y una original puesta en escena, son los ingredientes necesarios para crear un “Katiuska” de buena calidad.Sorprende el escenario, que, lejos de querer albergar música únicamente, nos quiere, literalmente, transportar al dolor de un pueblo invadido por Rusia al que el calor de sus anhelos le hace sobrevivir al frío de la situación en que vive. Escombros cubiertos de lo que podría ser polvo o nieve y un original ladeamiento del escenario enmarcan toda la obra informándonos continuamente de que la situación, aunque nos estemos riendo y alegrando por las vivencias graciosas que tienen los personajes, es trágica.Es aquí, en la taberna de Boni, rodeada de los desastres de la guerra donde la Coral de Bilbao interpretando…
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