“¡Ah! ¡Estamos en el Wigmore Hall!”, fantaseó la anciana, normalmente muda por el Alzheimer. La evocación de la legendaria sala de música de cámara londinense en el salón del instituto psiquiátrico asombró por igual al cuarteto de cuerdas y a las enfermeras que acreditaban en la paciente un autismo casi total. Había vuelto a su pasado. Seguramente había estado aquí alguna vez y el recuerdo había quedado demasiado claro e intenso como para desvanecerse sugiere John Gilhooly, el jovial irlandés a cargo de la dirección general del Wigmore desde 2005. El Wigmore retribuía la visita a la demente en el marco del programa 'Música por la vida. Lucidez en la demencia'. Gilhooly: El Wigmore tomó este programa de una obra de beneficencia inicialmente establecida para ancianos judíos. Prevé el entrenamiento de músicos para tocar a dementes de…
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