Un concierto denso para una niña de diez años, sentada delante de mí, que sin embargo, y pese a momentos de desconcentración, se mostró obediente a su padre, interesada y tan educada (perdóneseme el arcaísmo de la expresión, me acerco a la vejez), que ni tosió ni hizo ruido con programas, bolsos o abalorios, ni habló ni dejó sonar su celular (todas cosas que otros ‘adultos’ cercanos a mí hicieron en menor o mayor grado).Un magnífico concierto con dos obras que hoy son ‘tradicionales’ o no al menos ‘raras’ en los conciertos, aunque la de Schönberg no goce (como su autor) del consenso y de la popularidad de la de Mahler y de la figura de este último.Ambas programáticas, más la de Schönberg que el débil hilo existente entre los poemas chinos del siglo VIII traducidos y arreglados por Hans Betghe. Verklärte Nacht, en cambio, se basa en un…
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