Sorprende escuchar a un tenor como Daniil Shtoda. Va sobrado de fiatto, el timbre es homogéneo, el agudo fácil, la emisión limpia y un considerable volumen. Ahí empiezan y acaban sus virtudes. Resulta difícil imaginar un tenor menos expresivo, más rígido, menos consciente del valor del silencio. Shtoda es de una inmadurez impropia de alguien que, con sus virtudes, podría destacar en el mundo de la lírica internacional y estar cantando en los más grandes teatros.A él le interesa preparar un agudo potente, bien timbrado y lanzarlo como un rayo, sin más. Así, pasó como una apisonadora sobre las canciones de Glinka, Rachmaninov, Chaikovski y Balakirev. El gran repertorio servido en la segunda parte, adoleció en mayor medida de calidez.Canto Una furtiva lacrima casi sin respirar, con un tempo rígido, sin decirnos nada. Así hizo con el Aria de…
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