Tal vez una de las cosas menos discutibles de la Unión Europea sea la creación desde su fundación de sus ‘coros’, compuestos por funcionarios entusiastas. Se trata, pues, de una agrupación ‘no profesional’, y es loable que hayan elegido, como en el pasado, una obra tan difícil y últimamente no demasiado frecuentada como el gran oratorio de Mendelssohn (que, bien escuchado, explica por qué Wagner lo admiraba tanto). Y hay que decir que la preparación logró milagros, así como la actuación del director, que estuvo atento a cada entrada y momento, y consiguió también un buen rendimiento de una orquesta como la Nacional de Bélgica que no se distingue particularmente por ningún aspecto (si no es la relativa opacidad y aspereza del sector de las cuerdas). Incluso la labor del coro de niños y los solistas que reforzaron la actuación del coro…
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