Pocas veces al término de una ópera puede hablarse de tanto equilibrio entre los cantantes, el foso, la dirección de orquesta, la iluminación, la escenografía y la dirección de actores. Todo fue malo por igual. Pocas veces como en esta Scala di seta de Rossini se ha podido presencia semejante espectáculo bochornoso.Tras el fracaso de Ángel Domínguez al frente del Festival Internacional de Música de Galicia, puede decirse que, si un voto de confianza dada la programación presentada me parece mucho decir, se concedió a Alexis Soriano --actual director del FIM-- el beneficio de la duda. Domínguez, unanimemente censurado por la crítica, aprendió la lección el primer año presentando un programa menos pomposo y más atractivo el segundo, aún distante del modelo que Compostela requiere --si es que acaso requiere alguno. Soriano se ha contratado…
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