Dadas las condiciones acústicas del concierto ofrecido por Guido Balestracci y L'Ensemble L'Amoroso en el Claustro de San Martín Pinario, es imposible escribir una crítica en condiciones. Al cabo de veinte minutos, tras escuchar como fondo la megafonía de las fiestas de Compostela, las aves, los preparativos del concierto de Sergio Dalma y del pregón del popular actor Manquiña, algún que otro helicóptero y el ruido de la fuente del claustro a la que colocaron cadenas para evitar el sonido de los chorros de agua --sin duda más agradable que el de las cadenas--: me fui.No quería esperar por el famoso camión del basura que frustró la posibilidad de disfrutar con total intensidad de un concierto ofrecido por Rostropovich sin ensayo previo en la Plaza de la Quintana en 1999. En aquella ocasión, el maestro tocó mal y el camión puso la guinda.…
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