Hace tiempo le pedí un favor a un buen amigo: que hiciera lo posible por que, al morir yo, se me permitiera escuchar Im Abendrot antes del adiós definitivo. Él no la conocía, de modo que le urgí a ello, apelando a la vez a su dedicación por la filosofía y, por ende, a su (pre)ocupación por la muerte. Enseguida comprendió la razón de tan extrema petición: si cuando llegue mi hora mantengo la cordura, esa canción me ayudará a morir en paz; y si, por el contrario, mis neuronas me han abandonado antes, despertarán de nuevo al escucharla. Así de seguro estoy. Como también lo estoy de que esta versión de Renée Fleming y Christian Thielemann perfectamente podría hacer los honores. No es mi interpretación favorita, ya lo adelanto: para mí nadie ha llegado más allá que Jessye Norman y Kurt Masur -curiosamente, otra norteamericana con otro…
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