Los mismos autores del programa de hace un año, reseñado aquí mismo. Debería recopiar la crítica, si crítica hubo. Pero esta vez hubo algo más, que hizo desbordar el aforo del enorme Palais des Beaux Arts e hizo que el público invadiera con los asientos buena parte de la escena. Brendel se despedía de Bruselas en esta última gira de adioses. Ya está, ya se fue por última vez con un leve gesto, se despidió. De la música será más difícil que se despida. Ese cada vez mayor ‘canto’ que acompaña sus ejecuciones es un diálogo cada vez más libre con los compositores que amó particularmente -estos- y al que nos permitía hasta ahora asomarnos un rato. Le bastó un breve gesto de impaciencia para reprender a esos tísicos empedernidos que esperan el menor momento de calma para aclararse la garganta sin ningún miramiento, estornudar como si se…
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