Aunque no sea por los mismos motivos ni del mismo tipo que la que da título verdadero a este Barbero, es verdad que mucho nos precavemos ante sus reposiciones y optamos por quedarnos en casa. Demasiados recuerdos, totales o parciales, demasiadas exigencias, demasiadas dificultades bien conocidas de todos. Como con algunos otros títulos amados y populares (pongamos a modo de ejemplo, Bohème, Lucia, Traviata, Rigoletto, Tosca, Aida, Norma, La flauta mágica, Las bodas de Fígaro), uno se pregunta: ¿Otro/a? ¿Otra vez? ¿Para qué? Y bien, esta vez no habría habido razón. Naturalmente, cada uno de los papeles conoce y ha conocido mejores intérpretes, de mayores medios vocales, mejor técnica y personalidad más afirmada. Pero el conjunto fue el de un raro equilibrio. Por empezar, el director del teatro decidió no innovar más que en algunos…
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