La ventaja que tienen las grandes obras de la música es que se pueden grabar una y mil veces, que si la interpretación es buena nunca sobra una más, haya o no crisis en la industria discográfica. En el caso del disco que hoy se comenta precisamente se da esa alineación planetaria, de modo que ya desde este momento se lo recomiendo sin reservas a todos los admiradores de Vadim Repin, de Truls Mork, de Riccardo Chailly, y de la Orquesta de la Gewandhaus. Y sobre todo a los admiradores de Johannes Brahms. Porque de eso va el disco. Aquí sólo hay Brahms. No hay en estas interpretaciones ninguna novedad, ninguna extravagancia que las haga particularmente distintas de las referencias que cada uno tenga respecto de estas piezas. Aquí no hay sino unas versiones muy respetuosas con la partitura de dos obras enormes. Pareciera que solista,…
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