El verano ya llegó y, como dice la canción de moda, la fiesta comenzó. Europa se cubre de un manto de festivales -similar a aquel blanco de iglesias que la cubrió en el año 1000-. El negocio está servido porque la música, cuando se prepara bien, es un gran negocio en el que las ciudades y las organizaciones obtienen pingües beneficios económicos ofreciendo, además, un inestimable servicio cultural.El modelo de festival estival español dista mucho de contar el superávit como objetivo y se escapa de este modo la posibilidad de atraer turismo musical. Los que cada verano viajamos a diferentes lugares de Europa o América para escuchar música, vemos cómo los críticos franceses, alemanes, italianos o británicos se refieren a nuestro país como el paraíso de los grandes nombres, de las programaciones espectaculares y de los bolos más llamativos.…
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