No creo mucho en ‘casualidades’, aunque algo más en el azar. Hubo dos conciertos con programas y solistas distintos (el del día anterior con obras de Stravinski y Procofiev con Alexei Lubimov como pianista). Por razones pragmáticas, como no podía asistir a los dos (no siempre se puede aunque se quiera, y tampoco es aconsejable drogarse demasiado con música, aunque menos peligroso que con otras cosas), elegí el segundo. Al final, la fecha coincidió con la asunción de Obama (bonito nombre tiene, el mismo del ‘tintorero’ de La mujer sin sombra de Strauss y su personaje más humano y positivo) y el final de ocho años de vergüenza compartida para todos (cuando digo todos, digo todos incluyéndome). Como tampoco creo que una persona pueda obrar milagros después de tanto disparate (ojalá), mi forma de desearle éxito en lo posible y festejar…
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