Puede que el rasgo más distintivo de la estrategia programadora de la Semana Mozart -aparte, claro está, del lugar preeminente ocupado por el repertorio mozartiano- sea la inclusión habitual obras contemporáneas en diálogo con los grandes autores del pasado. Es el caso de las breves aunque interesantísimas composiciones de Boulez y Kurtag que Mitsuko Uchida intercaló en su recital.Un recital que, naturalmente, tuvo aún así a Mozart como protagonista e hilo conductor fundamental. Primero, el Mozart oscuro de la Sonata KV 310 en La menor, que Uchida afrontó con sorprendente libertad estilística: pedal profundo, pasajes en sordina, contrastes dinámicos extremos… Un Mozart denso y poderosamente expresivo, aunque no recargado ni amanerado. Y es que la japonesa posee a estas alturas de su carrera una sintonía casi absoluta con la obra…
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