A sus 67 años de edad, y tras casi cuatro décadas simultaneando la práctica pianística solista con la dirección orquestal, Daniel Baremboim sigue exhibiendo un estado de forma envidiable como virtuoso. El tiempo, naturalmente, no pasa en balde: el mecanismo ya no es infalible y las fuerzas, aunque aún muy respetables, ya no están para fuegos artificiales. Pero Barenboim, que aparte de gran músico es listo como pocos, dosifica sus apariciones y elige el repertorio con mimo. En esta ocasión, el recital incluía dos obras junto a Elena Bashkirova, su esposa desde 1988 e hija del gran pedagogo soviético Dimitri Bashkirov. Desgraciadamente, y sin desmerecer su aportación en lo más mínimo, dicha porción del concierto resultó con mucho la menos interesante. El Andante con variaciones KV 501, compuesto en 1786, posee la audacia armónica…
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