¿Appassionato? No. Al menos no como esos pianistas fogosos que evitan sumergirse en las profundidades de una partitura para quedarse salpicando furiosamente lluvias de virtuosismo en la superficie, como niños en piscina. Pollini busca la expresividad en las entrañas y deja emerger el resultado sin efectismos ni forzamientos, con una espontaneidad que siempre parece emparentar introversión y trascendencia. Sus versiones se caracterizan por un aplomo de intuitiva solidez, un cimiento que impregna de unidad interpretativa el desarrollo de los pasajes más vertiginosos o las melodías más expresivas. Sospecho que quienes sostienen que Pollini es ‘frío’ no incluyen en su análisis la expresividad de los silencios y pausas, el tratamiento de las dinámicas, y la capacidad de este pianista para sacarle el jugo a esos acordes claves que sirven de…
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