En el cíclico peregrinaje del Festival Puccini en busca de la sede perdida, fue el turno ayer del Teatro Principal, escenario hace relativamente poco tiempo de una buena Bohème (ver crítica). Esta alternancia, necesaria para no impedir el colapso artístico del Palau y del Teatro Principal y permitir el desarrollo de sus normales actividades - no todo es Puccini en Valencia - viene a demostrar, una vez más, la perentoria necesidad de contar con un Teatro de ópera en esta ciudad.Conozco dos formas de entender la gestión operística y, dado que no es mi intención hacer maniqueísmo ni musical ni de ningún otro tipo, no voy a realizar juicios apodícticos en el sentido de que una es la buena y la otra no, que cada cual juzgue a su buen saber y entender, pero lo que sí me voy a permitir es dar mi opinión. Una, que considero algo anacrónica, es…
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