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Tal día como hoy... la Filarmónica de Viena daba su primer concierto

Redacción
Tal día como hoy... la Filarmónica de Viena daba su primer concierto
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Tal día como un 28 de marzo de 1842, la Orquesta Filarmónica de Viena daba su primer concierto, más de medio siglo después de la muerte de Mozart y quince años después de la de Haydn. Hasta entonces, la ciudad, que había dado su nombre a los clásicos vieneses (Haydn, Mozart y Beethoven), carecía de una orquesta concertista profesional permanente.

La demanda de interpretaciones de obras sinfónicas, la cubrían orquestas de cámara formadas parcialmente por músicos amateur, que debían su existencia a una de las dos razones siguientes: bien a las interpretaciones de solistas o compositores que deseaban presentar sus obras al público o bien a los conciertos benéficos.

En aquella época, las orquestas compuestas exclusivamente por músicos profesionales, sólo se podían ver en los teatros. A finales del siglo XVIII, ya se había escuchado a una de ellas ofreciendo conciertos: durante la Cuaresma de 1985 Wolgang Amadeus Mozart contrató a la Orquesta de la Opera de la Corte Vienesa para un ciclo de seis conciertos que serían ofrecidos en al Sala Mehlgrube.

En el concierto que su academia ofreció, el 2 de abril de 1800, Ludwig van Beethoven también la empleó para estrenar su Primera Sinfonía. Años más tarde, el día 7 de mayo de 1824, la orquesta de la Sociedad de Amigos de la Música (es decir, compuesta por meros aficionados) acompañada de una Orquesta de la Opera de la Corte, ampliada con el Conjunto de Música de la Corte, ofreció la primera interpretación de la Novena Sinfonía de Beethoven: todo un acontecimiento. No obstante, el camino había resultado tortuoso y absurdo hasta que por fin este conjunto, el mejor y más grande de Viena, pudo aparecer por propia iniciativa para ofrecer conciertos con sinfonías clásicas.

Franz Lachner, compositor y director bávaro, activo desde 1830 en el Teatro de la Opera de la Corte, interpretaba sinfonías de Beethoven, en el entreacto de los ballets. De los experimentos de este tipo a empresas más ambiciosas no había más que un paso, el que se dio bajo la dirección de Lachner; sin embargo, debido a deficiencias estructurales, su Sociedad de Artistas tendría que disolverse después de tan sólo cuatro apariciones.

En 1841, Otto Nicolai (1810-1849), que más tarde se daría a conocer en todo el mundo como el compositor de la ópera cómica Las Alegres Comadres de Windsor, fue nombrado para el cargo de director Principal del Teatro Kärntnertor. A petición de las principales personalidades del mundo musical de Viena, adoptó la idea de Lachner y, el 28 de marzo de 1842, dirigió un Gran Concierto en el auditorio principal del Redouten Saal, organizado por todo el personal del Real Teatro Imperial de la Corte.

Esta Academia Filarmónica (su nombre original) marca exactamente el nacimiento de la formación, y fue la ocasión en la que se presentaron por vez primera todos los principios de la Idea Filarmónica, cuya validez se ha conservado hasta nuestros días: sólo los músicos contratados por la Opera Estatal de Viena (antes, la Opera de la Corte) pueden pertenecer a la Filarmónica de Viena; la Orquesta se fundamenta en su propia responsabilidad artística, organizativa y financiera.todas las decisiones las tomará democráticamente el órgano central de los miembros en activo. el trabajo administrativo lo llevará a cabo un comité formado por doce miembros elegidos democráticamente.

Ya antes de los acontecimiento políticos de 1848 se había logrado esa base que posibilitaría las interpretación de obras sinfónicas clásicas sin estorbos de ningún tipo, ni técnicos ni musicales, todo ello con la ayuda de un nuevo y revolucionario modelo: la autodeterminación democrática y al iniciativa de una asociación orquestal.

Sólo se podía comenzar partiendo de esas premisas; sin embargo, habría que superar muchos reveses hasta que la Sociedad Musical consiguiera gozar de una verdadera estabilidad. A pesar de haber celebrado con éxito un total de once conciertos bajo la dirección de Nicolai, la colaboración entre este artista brillante pero autoritario y la orquesta, que luchaba por salir adelante en su nuevo papel de autoadminsitrador independiente, se vio ensombrecida por profundas desavenencias.

Cuando en 1847 Nicolai abandonó Viena para siempre, la joven empresa, despojada repentinamente de su dirección, tanto artística como administrativa, no pudo sino derrumbarse. Finalmente, tras doce años de estancamiento, durante los cuales la desmoralizada formación sólo se aventuró a celebrar diez sesiones por sí sola, la situación dio el viraje decisivo que todos llevaban tanto tiempo esperando y se asentaron unos nuevos cimientos: el 15 de enero de 1860 se ofrecían los primeros cuatro conciertos de abono bajo la batuta del antiguo Director de la Opera, Carl Eckert.

Desde entonces los Conciertos de la Filarmónica han continuado celebrándose sin interrupción, y el único cambio básico fue el paso de la contratación regular de un director para toda la temporada, al sistema de directores invitados, tal como ilustra la siguiente lista: 1860: Carl Eckert; 1860-1875: Otto Dessof; 1875-1882: Hans Richter; 1882/1883: Wilhem Hahn; 1883-1898: Hans Richter; 1898-1901: Gustav Mahler; 1901-1903: Joseph Hellmesberger, hijo; 1903-1908: Directores Invitados; 1908-1927: Felix von Weingartner; 1927-1930: Clemens Krauss; desde 1933: Directores Invitados.

Bajo la dirección de Otto Dessof, el repertorio de la agrupación aumentó considerablemente, se introdujeron importantes innovaciones organizativas (Archivos de Música, Administración empresarial) y por tercera (y última) vez, varió la sede de los conciertos: el comienzo de la temporada 1870/71, trajo consigo el traslado a la Sala Dorada de la Musikverein de Viena, el Edificio de la Sociedad de Música, desde entonces escenario ideal para la Filarmónica, cuyo sonido y estilo interpretativo se han visto profundamente influídos por la cualidades acústicas del citado edificio.

Fue bajo la dirección de Hans Richter, cuando esta incomparable formación adquirió su fama mundial (el legendario Richter, que había presidido las primeras interpretaciones de la tetralogía de Wagner El Anillo de los Nibelungos, en Bayreuth). Además, los solistas y directores que acudían a interpretar sus conciertos con la Orquesta, daban al público la oportunidad de conocer, por nombrar sólo algunos, a personajes tan importantes como Wagner, Verdi, Bruckner, Brahms y Liszt.

La Edad de Oro, como ha dado en ser llamada la época de Richter, fue testigo mundial de la Segunda y Tercera Sinfonías de Brahms, así como la Octava de Bruckner, Con Gustav Mahler, la Orquesta salió al extranjero por primera vez (Exposición Mundial de París de 1900), pero las verdaderas giras de la Filarmónica (que en 1908 fue reconocida oficialmente como sociedad) comenzaron con von Weingartner, que viajó con ella a Sudamérica en el verano de 1922.

De gran importancia para la historia de la música sería la estrecha asociación de la orquesta con Richard Strauss. Entre 1906 y 1944, el compositor la dirigió en innumerables representaciones operísticas y concertísticas, tanto en Viena como en el extranjero, y a ella le unían unos lazos de auténtica amistad que alcanzarían su culminación con al celebración, dentro del círculo familiar de la Filarmónica de Viena, de sus 75 y 80 cumpleaños (en 1939 y 1944, respectivamente). La relación con Richard Strauss constituye un punto fuerte de la historia de la Filarmónica de Viena, ya por sí rica en magnificas experiencias. Quizás lo que mejor ilustre su unicidad sea la siguiente declaración de amor que data de la época de la celebración del Centenario de la Orquesta en 1942: "Elogiar a la Filarmónica es como llevar violines a Viena. Sin embargo, no por ello puedo dejar de apreciar el 'piano' de los instrumentos de viento, de madera, la resplandeciente arpa y el inexorable timbal. Vuestros logros artísticos son aclamados por entusiasmados oyentes del mundo entero. Hoy, sólo quiero expresar mis elogios con dos breves frases: ¡Sólo aquel que haya dirigido a la Filarmónica de Viena, la conoce! ¡Pero eso sigue siendo nuestro más profundo secreto! ¡Vosotros me entendéis ... igual que cuando estoy sobre el estrado".

Otro punto clave de la historia de la Orquesta es la colaboración con Arturo Toscanini durante los años 1933-1937, así como la de Wilhem Furtwängler quien, a pesar del declive del sistema de los directores permanentes, ocupo el cargo de Director Titular desde 1933 hasta 1945 y de 1947 a 1954. En 1938, la politica asestó un golpe a la Orquesta de la forma más brutal posible. Sin advertencias previas de ningún tipo, los nacionalistas despidieron a todos los artistas judíos de la Opera Estatal y disolvieron la Sociedad de la Filarmónica de Viena.

Sólo la intervención de Furtwängler dio marcha atrás a esta decisión y salvó a los medio judíos y a los parientes cercanos del despido y la persecución. Sin embargo, la Filarmónica tendrá motivos para llorar el asesinato, en un campo de concentración, de seis de sus miembros judíos y la muerte de uno de sus violinistas más jóvenes, en el frente oriental.

Al finalizar la II Guerra Mundial, al orquesta continuó con la política, iniciada en 1933, de contratar a los directores más sobresalientes del momento: Furtwängler, Erich Kleiber, Klemperer, Knappertsbusch, Krauss, Mitropoulos, Ormandy, Schuricht, Szell, Walter, Giulini, Solti; o los de la joven generación: Abbado, Dohnanyi, Haitink, Carlos Kleiber, Levine, Maazel, Mehta, Muti, Ozawa y Previn. En la historia de la formación, después de 1945, hay un lugar especial de honor dedicado a la colaboración con sus dos Directores Honoríficos, Karl Böhm y Herbert von Karajan, y Director Asociado Laureado, Leonard Bernstein.

Grabaciones y películas para Decca, DGG, CBS, EMI y Philips, así como para UNITEL, Telemondial y la Radio Austriaca, giras por todo el mundo, participación en los festivales más importantes...: la Filarmónica de Viena satisface plenamente todas las demandas de la "industria" musical multimedia de la actualidad, manteniendo al mismo tiempo su propia e incomparable individualidad, ejemplificada en los Conciertos de Año Nuevo y en su papel protagonista en el Festival de Salzburgo. A pesar de su adaptación a los gustos y tendencias modernas, tiene gran cuidado de no traicionar nunca sus principios tradicionales y de depender, exactamente igual que en la época de Nikolai, de su propia autonomía; desde 1860, los conciertos de abono conformaban la base artística, organizativa y financiera de sus actividades.

La Orquesta es mucho más que el Artículo de Exportación Cultural más codiciado de Austria. Sus miembros son embajadores que expresan, de la manera más emotiva, las ideas de paz, humanidad y reconciliación a los cuales la música va unida de una manera tan inseparable, como ocurrió en la Misa Papal de Roma con von Karajan (1985) o la gira por Israel con Bernstein en 1988. En recompensa por sus logros culturales ha recibido numerosos galardones, discos de oro y de platino, condecoraciones nacionales, y ha sido nombrada Socio de Honor de muchas instituciones culturales. De una manera muy especial, es el reconocimiento expresado por medio de la emisión de las monedas de oro Conmemorativas de la Filarmónica de Viena, por parte del Banco Nacional de Austria (1889) y los tres sellos conmemorativos del Ministerio Austríaco de Correos y Telégrafos (1959, 1967 y 1992), mientras que la existencia de dos Sociedades diferentes de Amigos de la Filarmónica de Viena (en Nueva York y Tokio) vienen a subrayar este reconocimiento mundial.

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