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En el Teatro Tívoli de Barcelona se está llevando a cabo durante la temporada estival una obra de características peculiares que demuestra ser del interés tanto del público amante de la ópera como del que desconoce dicho mundo.Con el pretexto de una representación de
Aída, de Verdi, pero con el título de
Una noche de ópera, el público se halla situado detrás de un escenario virtual, donde se gesta la magia de la ópera. Gracias a unos monitores situados estratégicamente, se reproduce simultáneamente lo que sería la función "verdadera". Esta ambientación permite a los espectadores disfrutar de una comedia musical-teatral que en tono humorístico, y a veces fabulístico, intenta descubrir o revelar el quehacer de "los que no se ven ni se oyen en una ópera", en palabras de Kurt Pahlen.Así, de figurinistas a extras, cantantes y hasta el mismo
regisseur, desfilan en la alocada y siempre algo imprevisible puesta de una de las ópera más famosas de todos los tiempos. Este espacio también da lugar a la crítica y la burla, tanto de los artistas prototípicos como de los integrantes de un conjunto de técnicos de personalidades tanto exageradas como ajustadas.El guión es creación de Jordi Milán, director general de la obra, contando con asesoría 'operística' de Ignacio Aranaz. La ópera de Verdi fue adaptada por Gregorio Salvador Rodríguez, para ser reproducida durante la representación en la versión grabada a tal efecto por la Orquesta Sinfónica de la Filarmónica Estatal de Moscú, con dirección de Vladimir Ponkin. El coro registrado en dicha grabación es el Coro Ópera Helicón, con dirección de Tatjana Gromova, y los cantantes son solistas rusos a quienes se les han unido voces de La Cubana, empresa a cargo de esta parodia.
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