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Un orfeo de época abre la temporada del Real

Redacción
8,23E-05 Rueda de prensa en el Teatro Real para presentar el primer título de la temporada 1999/2000, L'Orfeo, de Monteverdi. Se trata del montaje de Gilbert Deflo y Jordi Savall, producción del Liceu de Barcelona, y estrenado en 1993.Abrió la sesión el gerente del Teatro Real, Juan Cambreleng, quien se congratuló de que el estreno en el Real de la producción de L'Orfeo del Teatro del Liceu, coincidiese con la reapertura del renovado teatro de las Ramblas, afortunadamente rescatado de un incendio. Cambreleng habló de las magníficas relaciones entre ambos teatros líricos.A preguntas de José Luis Pérez de Arteaga, traductor oficial del acto, empezaron su turno de respuestas los cantantes. Sara Mingardo habló brevemente de su papel, "La Mensajera", y resaltó la importancia que Deflo y Savall dan a ese papel. A continuación, el barítono Pietro Spagnoli, el "Orfeo" de este montaje, nos informó que, pese a su experiencia en Monteverdi, pues ha cantado en un cierto núsmero de ocasiones Madrigales de este compositor, había tenido ocasión de seguir aprendiendo sobre la interpretación monteverdiana al haber trabajado con un experto como Jordi Savall. Alabó también el buen gusto de la producción firmada por Deflo y su escenógrafo William Orlandi.El director de escena Gilbert Deflo se mostró en general contrario a una actualización en el tiempo de la acción de las óperas, y más concretamente, en las barrocas. "No me imagino", comentó, "una ópera de Monteverdi en ambientes y ropajes contemporáneos como no me imagino un Wozzeck, de Alban Berg, en ambientes pastoriles propios del barroco" y continuó "la modernidad está en reconstruir lo mejor posible el espacio ambiental que tuvieron esas obras cuando fueron estrenadas".Deflo dijo que su producción intentaba integrar a los espectadores en la atmósfera íntima que se podría respirar en el salón de los espejos del Palacio Ducal de Mantua, donde se estrenó esta obra en 1607. Para lograr esa sensación de intimidad, Deflo y Orlandi han recurrido a varios elementos escénicos y teatrales, tales como la elevación del foso de la orquesta, la colocación de voces en proscenios, la utilización de un arco que empequeñece la embocadura de la escena, dos brazos de rocas que descienden por el patio de butacas...Siguió su intervención el regista hablando de que su labor era la de transmitir la emoción que la mússica y los cantantes generaban; para él, dijo, el teatro lírico es ante todo, emoción.Al principio de su intervención, Deflo rindió un breve pero sentido homenaje al que fuera su maestro, Giorgio Strehler.Intervino finalmente Jordi Savall, quien dijo que, contrariamente a lo que se dice, la partitura de L'Orfeo está muy completa, muy bien definida y que llegaron a hacerse en su día hasta tres ediciones de ella. Coincidiendo con la opinión de Deflo, dijo que se podía conseguir una sensación de intimidad en una sala como la del Real, merced a la acússtica, la colocación de los cantantes en el escenario y a la técnica canora de estos. Luego se difuminó en un discurso a caballo entre la mística y la filosofía, que poco aportó a la comprensión de la producción que veremos en Madrid estos días.Al finalizar, todos los intérpretes manifestaron su satisfacción con las buenas condiciones de trabajo -- los cantantes siempre ensayaron con sus instrumentos acompañantes, y no con un piano, lo cual, para Jordi Savall es de vital importancia-- y con el magnífico ambiente que han encontrado en el Teatro Real.
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