Leonard Bernstein, en una de sus clases magistrales de Tanglewood (Boston-EE.UU.) dijo que en palabras era posible describir ocho clases de tristezas pero en música muchísimas más. Toda la música de Bloch es de corte judío, al menos la que yo conozco, y esta Rapsodia hebraica, referida musicalmente al corto tránsito que representa una vida humana, es justamente un canto a la melancolía, a la tristeza que esta situación genera. La obra, compuesta para violonchelo y orquesta trajo al intérprete alemán Alexander Hülshoff, de sonido elegante, puro, límpido, en total libertad, en buena conjunción con el director Gorelik que siempre me dejó la sensación que se encontraba más cómodo conduciendo la orquesta sola que acompañando y en esta oportunidad la versión fue exacta, sin fisuras, tal vez algo desapasionada pero sin perder el hilo opresivo…
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