He elegido este título, poco simpático desde que lo utilizó cierto país en una campaña para convencer al mundo de que lo que en él pasaba eran mentiras de enemigos internos y externos, porque no hay duda (creo) de que, con todas sus normales limitaciones de ser humano, Beethoven es uno de los pocos (músicos o no) que puede recibir esta calificación con toda tranquilidad y seguridad y sin asomo de ironía.Cualquiera que haya escrito el coro de prisioneros -el momento más impactante de esta producción del Met de hace casi diez años, que no es gran cosa aunque no moleste, como el silencio en todo el teatro, escenario y foso incluidos, pareció demostrar- es no sólo grande, sino de veras bueno (y véase en estos días Good con Viggo Mortensen, para entender lo que puede esconder la palabreja). El deseo de libertad (‘¿es que acaso has vuelto?),…
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