"Muchacho, ha dado usted con la receta" es la frase que al parecer le dijo Franz Liszt a Edvard Grieg cuando conoció su Concierto para piano y orquesta op. 16 (1868), prediciendo el éxito que desde entonces acompañaría a esta encantadora obra precisamente por esto mismo: por su condición de encantadora, tal y como diagnosticó Liszt. Y mientras el hedonista Liszt -recientemente reconvertido en abad- demostraba que las órdenes menores no le habían hecho perder el olfato ni el gusto, y mucho menos el oído, analistas y teóricos se aprestaban a explicarnos la mediocridad del Concierto de Grieg. Lo mismo que llevan haciendo desde hace 150 años sin que ni el público ni los intérpretes -partidarios de Liszt- les hagan el más puñetero caso. Es que pocas cosas hay más mutables y perecederas que los valores eternos, por eso dictadores y terroristas…
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