No es común encontrarse en un automóvil y escuchar las noticias por radio informando de la muerte (suicidio) simultánea de un gran director/amigo y de su esposa. Así me ocurrió y me quedé helado, las cosas que deparan la vida diaria no nos preparan para estas novedades, y la muerte siempre trae recuerdos. No es esta una nota de recriminación ni de juzgar a los Downes por haber tomado esa enorme decisión, a nuestra correctísima sociedad no le cae nada bien el suicidio.Lady Joan estaba muy enferma y le quedaban pocas semanas de vida, Sir Edward estaba casi ciego y sordo. La última vez que los vi juntos (sentados detrás de mí en la Royal Opera House de Londres) fue penoso hacerme reconocer ante él. Me sentí mal pero una vez que se dio cuenta de que era un amigo se animó mucho y pudimos cambiar algunas palabras. Pero lo importante con Ted…
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