Siempre me llama la atención el gran interés y aprecio que sienten los rusos por sus artistas, categoría en la que incluyen no sólo a aquellos nacidos en Rusia o la ex-URSS, sino a menudo también artistas 'adoptados', que por el motivo que sea son asimilados a 'propios' (es el caso, por ejemplo, del pianista norteamericano Daniel Pollack). Hace ya como 15 años, la primera vez que asistí al Teatro Bolshoi de Moscú, compré sin saberlo entradas para una función 'de gala' del ballet Aniuta en la que volvía a bailar Maximova (si no recuerdo mal) tras varios años fuera, y quedé muy impresionada porque en la calle gente que parecería muy ajena al mundo del ballet -vendedoras de souvenirs o de helados, limpiadoras del hotel, etc.- me hablaban de la suerte que tenía al poder acudir a esa función. Descubrí entonces de primera mano algo que ya…
Comentarios