Los cinco programas que la Filarmónica de Viena ofrece en cada edición del Festival de Salzburgo constituyen desde hace años el gran escaparate sinfónico del certamen. Las obras en programa se deciden con mimo, igual que las batutas invitadas. Sorprende por ello que un cocktail tan complejo como el de este concierto, marcado por la altísima exigencia técnica y la falta de tirón ‘comercial’, fuese confiada a un director como Esa-Pekka Salonen, quien a pesar de sus sólidas credenciales nunca se ha identificado demasiado con el sinfonismo de Bruckner ni con la Segunda Escuela de Viena.Y ya fuera porque el de Helsinki no se sentía en su terreno, porque faltaba alguna hora más de ensayo o porque los planetas no estaban alineados, el concierto estuvo marcado en el mejor de los casos por la irregularidad. Ya desde el comienzo del ‘Andante…
Comentarios