Un programa ciertamente un poco inusual ofreció la Filarmónica de Buenos Aires en esta oportunidad, ya que no se incluía ninguna obra del siglo XIX, de seguro el más transitado por nuestros organismos sinfónicos. Se saltaba así en la primera parte de 1790 a 1930, mientras la segunda incluía una obra de la presente década y otra escrita inmediatamente después de terminada la última guerra mundial. Hacer Haydn -cosa que hay que agradecer a esa costumbre de conmemorar efemérides- redunda siempre en beneficio para las orquestas y deja huellas: hay mayor liviandad de texturas, un sonido más puro y es necesario esmerarse tanto en afinación como en ajuste- aunque a veces sucedan desencuentros, como el que afectó el ataque de los violines al comienzo del Vivace assai conclusivo. Pero en líneas generales, se pudo gozar de una traducción bien…
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