Con esta presentación, Nelson Goerner completaba su corta visita de este año y se despedía del público argentino. En los pocos días en que estuvo entre nosotros realizó cuatro actuaciones, interpretando en dos oportunidades el Concierto para la mano izquierda de Ravel con Diemecke y la Filarmónica, aquí [leer crítica] y en el Teatro El Círculo de Rosario, así como un recital Chopin en Tucumán antes de regresar al Coliseo para enfrentar el último de los conciertos de Beethoven. Una obra bien exigente, a pesar de que sus requerimientos no sean tan evidentes, no sólo en los aspectos mecánicos sino también en la faz interpretativa. En ambos la labor de Goerner fue sobresaliente. En lo puramente técnico hay que poner de relieve su toque profundo, intenso pero nunca agresivo, la extrema limpieza de su ejecución o la claridad con que se…
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