Una de las cumbres de la producción mozartiana es sin duda, la Sinfonía nº 40 en sol menor. Entre los iniciados y habituales oyentes de música clásica, siempre primó el concepto de que si el gran público -uso la palabra “gran” en el sentido de cantidad- conoció la obra con esa horrible instrumentación que compuso un músico argentino so pretexto de su popularización, si la hubiera conocido como la sinfonía es realmente, seguramente la hubiera disfrutado igual o mejor. De todas maneras es una especulación y como tal debe tomarse. Lo cierto es que esta versión, mereció un prolijo trabajo conductivo. Es una obra cuya temática es verdaderamente hermosa y no carece de elegancia. Yo diría que por el contrario es junto a la última sinfonía del compositor de Salzburgo, o sea la Sinfonía nº 41, una de las cimas de la producción sinfónica del…
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