Un vistazo superficial de las circunstancias de este concierto -por un lado, Christian Thielemann deja la titularidad de la Filarmónica de Múnich, por otro, una nueva sinfonía de Bruckner en cartel- me habría llevado a titular esta reseña parafraseando a Groucho Marx: “¡Más Bruckner, es la guerra!” Sin embargo, una pequeña excavación en las motivaciones del portazo del maestro berlinés, y sobre todo, la experiencia de este concierto inolvidable hacen que me retraiga de esa primera intención humorística. Porque el asunto es bastante más serio.Lo que ha trascendido acerca de la marcha de Thielemann tiene la pinta de una de esas típicas broncas entre los responsables artísticos y administrativos de una institución musical: Thielemann quería ejercer un control muy directo en relación con los directores invitados de la orquesta y sobre los…
Comentarios