Aunque ya casi todo el mundo tiene asumido que el 'cine mudo' nunca ha existido, que siempre fue 'cine sonorizado externamente', la mayoría de la gente se ha quedado con la imagen tópica del pianista de cine acompañando con mayor o menor arte -e imaginación onomatopéyica- los avatares de las películas. Tampoco resulta rara la idea de una orquesta que acompañaba las películas, aunque en realidad este fuera un recurso minoritario, limitado sólo a las salas más elegantes y con un público dispuesto a pagar unos precios de entrada que podían ser bastante considerables. En cambio se ha perdido casi totalmente la idea del órgano como acompañante de cine y variedades, a pesar de que hubo una época -primeras décadas del XX- en la que toda barraca de feria que se preciara tenía su órgano que le servía no sólo para acompañar las representaciones…
Comentarios