Cada vez me da más gusto no tener que comentar la parte escénica de una función operística, y ahorrarme el romperme la cabeza pensando qué barbaridad ha querido decir el régisseur de turno para (re)inventarse a sí mismo. Aunque en el caso de esta noche, y a diferencia de las dos etapas anteriores, sí había una escena minimalista: una mesa camilla con el yunque y sus adminículos para el primer acto, y la misma mesa con el cuerno y el pito para el segundo. Imagino que serían exigencias de Jon Fredric West, quien se emperró en actuar su parte de cabo a rabo, hasta el punto del histrionismo.Él fue el único que no salió vestido de tiros largos, y también el único -junto con Erda- que no necesitó la partitura delante, demostrando que se sabe el papel del revés (con algún gazapo: por ejemplo, en ‘Selige Öde auf wonniger Höh’!’ dijo “sonniger”,…
Comentarios