Podríamos considerar lo escuchado durante la primera parte de este concierto como una perfecta continuación de aquel celebrado hace dos semanas, cuando quien estaba al frente de la OFGC era el maestro Günther Herbig. Ambos eventos participaron del espíritu común del buen hacer; del verdadero arte, con un tratamiento muy cuidadoso y atento al detalle que permitió obtener lecturas enriquecedoras y en cierto modo novedosas de obras muy frecuentadas del repertorio. La segunda mitad, por el contrario, fue una nueva cita con la mediocridad, con el gusto por lo rimbombante y la prisa por cumplir con el compromiso contractual -olvidándose por completo de la cualidad excepcional del momento que supone cada interpretación- repitiéndose por desgracia lo que parece ser -salvo gloriosas excepciones- la norma de la cita semanal de los conciertos de…
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