No sé si es lícito comenzar esta crítica criticando a Händel por su excesiva moralina cristiana. La verdad es que la época se presta para ensalzar a Dios, pero el texto bíblico también se presta para incidir en aspectos diferentes que en los que Händel, propiamente, se empeñó en hacer hincapié. El majestuoso coro de Les Arts Florissants, omnisciente en todo momento, recalca continuamente cómo el camino del cristianismo es el mejor para seguir y así no perderse en las emocionales estructuras del mundo de los sentidos, o sea, el mal camino. La exagerada virginidad de Susanna, siempre guiada por la magnificente virtud que tanto promueve la iglesia, la salva, siempre con ayuda de Dios, de una muerte segura por un adulterio, que por mujer “decente“ no consumó. Tintoretto también quiso inmortalizar la situación, pero no recalcaba la moralidad…
Comentarios