En la historia de la música occidental, han sido infrecuentes las óperas que se convirtieron en ballet o viceversa. No es tarea sencilla. El oyente operístico va a escuchar lo que le agrada y dadas las condiciones de un ballet es como que se queda a mitad de camino. No sale totalmente conforme porque por lo general no va preparado para ver lo que este tipo de adaptación puede mostrar. Ni hablemos de oír. Esto pasó el jueves en la primera presentación mundial de La Traviata convertida en ballet. Reconozco que el trabajo tiene, desde lo musical, un planteamiento inteligente. El arreglador usó los aspectos musicales más conocidos de la ópera, como por ejemplo su bello preludio, el brindis, un día feliz, siempre libre, de mi ardiente espíritu, dicho a la joven, de Provenza al mar, el preludio final, adiós al pasado. Sobre esa base Urlezaga…
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