Para los melómanos es algo tristemente frecuente ver cómo aquellos que nos habían descubierto mundos sonoros insospechados van desapareciendo como un goteo continuo, reinsertándose en aquello que Manrique decía que era el mar del tiempo en el morir. Afortunadamente, también cada pocos meses aquellos que nos habían dejado resucitan, de algún modo, a través de su música, generalmente por medio de una grabación que había permanecido inédita o demasiado tiempo almacenada en los nefandos congeladores de las radios y discográficas (¿cuándo el mercado y los medios tecnológicos permitirán un acceso masivo y generalizado a todo el inmenso archivo fonográfico que permanece silente para nuestros oídos a lo largo del mundo?)Desarrollando una labor encomiable desde hace años, el sello británico Testament no deja de propiciar estas ‘resurrecciones…
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