Nunca he tenido al griego Georges Aperghis (Atenas, 1945) entre mis compositores predilectos, y me temo que con este nuevo lanzamiento del sello NEOS la cosa no va a cambiar en exceso, pues me reencuentro con algunas de las señas de identidad que marcan su producción camerística en un sentido más monótono y repetitivo, con ciertos mecanismos cansinos que no llegan a calar en la sensibilidad, al menos, de quien esta reseña firma.El hecho de la existencia de un carácter mecánico, robótico por momentos, no es un factor que en sí justifique esa falta de interés, pues compositores como Conlon Nancarrow o György Ligeti, por poner dos ejemplos clásicos, han ahondado como pocos en tales formas de comprender la estructura sonora (el húngaro en sus últimas décadas de vida, y por directa influencia del mexicano). El ‘problema’ con Aperghis es…
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