La relación que los napolitanos, y por extensión la mayoría de los italianos del sur, tienen con el lied no se puede calificar de muy feliz. En efecto, quizás por la tradición escasa en el país de obras para piano y voz, exceptuando las bellísimas composiciones que comenzaron a ofrecer los prolíficos Rossini, Donizetti o también Bellini, los intentos de acercar estas maravillosas composiciones al público han sido siempre decepcionantes. Se recuerda aún el escandaloso vacío en el Liederabend programado por el conservatorio de San Pietro a Majella en 1973 con la soprano norteamericana Hellen Donath, al que asistieron, incluidos cantante y pianista, doce personas. Pero no tenemos que remontarnos muy al pasado, ya que este mismo año, en la velada de Goethe-Lieder organizada hace dos meses escasos por la Asociación Scarlatti, con el tenor…
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