Bernard Haitink confirma en este nuevo peldaño de su aventura mahleriana con la CSO la línea interpretativa definida en los registros de las sinfonías Tercera, Sexta y Primera, de los que he ido dando cuenta en estas páginas [leer reseñas]. El octogenario director holandés parece proyectar toda la música que filtra su batuta sobre una esfera superior en la que los conflictos dramáticos pierden algo de protagonismo frente a la búsqueda de otras claves musicales. En el caso de Mahler asistimos a una escenificación algo distanciada de los planes programáticos del compositor, sometido por Haitink a un severo proceso de depuración. Vaya todo esto por delante porque no siempre resulta un planteamiento sugestivo para quienes prefieren un Mahler declamatorio, elocuente y plenamente consciente de su mundo de contradicciones y luchas, como el que…
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