La escucha de este Heldenleben me plantea una cuestión generacional, o más bien de actitud. A sus 34 años, cuando decidió darse este auto-homenaje, Richard Strauss era un compositor y director de éxito, se estaba comiendo el mundo con sus poemas sinfónicos, y aún se lo iba a comer otra vez con sus óperas. Bernard Haitink, por su parte, estaba a punto de cumplir los 80 cuando dio estos conciertos tocando la Vida de héroe, y con más de cinco décadas de una carrera notable a sus espaldas ya no tenía que demostrar nada. Pues bien, diría que esa diferencia de actitud es la nota que prima en la grabación que se comenta.Haitink plantea su interpretación con contundencia pero sin arrogancia, con su seriedad habitual que excluye cualquier pavoneo. Y justamente eso es lo que echo en falta, porque algo de esos ingredientes me resulta necesario para…
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