El sueño, si no es un paradigma de la obra de arte, es, tal vez, un paradigma del trabajo artístico; porque el sueño es también un trabajo; un trabajo que se hace involuntariamente y se fragua más allá de nuestras determinaciones conscientes. El arte es un trabajo que hacemos voluntariamente, pero de cuyas determinaciones profundas tampoco tenemos consciencia. En el trabajo artístico sabemos lo que queremos hacer, pero no sabemos por qué lo queremos hacer. Además al hacerlo obtenemos lo que queremos y, generalmente, algo que nos sorprende, algo que no estaba en el propósito original, algo como improvisado en el proceso mismo del quehacer artístico; algo que nos hace olvidar el esfuerzo técnico y nos da la sensación de una obra que aparece ahí, en su perfección o imperfección, en su más y en su menos, cual si hubiese surgido de un sueño y…
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