Me dirigía yo desde el centro de la ciudad hacia la Basílica, sita en la parte vieja, cuando cruzando la calle Urbieta a la altura del mercado de abastos a punto estuve de ser arrollado por un tren txu-txu lleno de músicos tocando la sintonía de los Simpson. Aunque dicho así puede sonar a tomadura de peluca, lo cierto es que este incidente que marcará mi vida por los restos fue indirectamente provocado por el loable esfuerzo de la Quincena Musical en llevar la música a todos los rincones de San Sebastián en su jornada inaugural, con 27 actividades musicales en 19 localizaciones diferentes. Una jornada dedicada a los niños, con paseos en barco, proyecciones de dibujos animados, teatros de marionetas y, como no, infinidad de conciertos, destacando entre todos ellos el que ofrecieron la Joven Orquesta de Euskadi (EGO) y el Orfeón…
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