Me resulta sumamente penoso e injusto dedicar la parte fundamental -e incluso el título- de esta nota a lo que a mi entender resultó lo menos atractivo de una velada cuyo epicentro era, mal que les pese a algunos, el estreno argentino de la monumental Sinfonía ‘Asrael’ de Josef Suk, una obra y un creador de real importancia dentro del panorama de una música nacional checa que nace con Smetana y Dvořák. Pero la cantidad de notas, comentarios o participaciones en foros suscitados por el mamarracho realizado por el Sr. Pogorelich obliga a abundar en su análisis.Comenzaré por decir que el programa de mano anunciaba el Concierto N° 2 en fa menor de Chopin, pero yo sólo escuché esa obra en las partes orquestales, muy bien resueltas por Diemecke y los esforzados integrantes de nuestra Filarmónica, ante quienes habría que quitarse el sombrero…
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