Recién con el cuarto título de su programación 2010 el Teatro Argentino presentó una de esas óperas que se pueden calificar como ‘muy populares’, después de incursionar por Shostakovich, Mozart y Golijov. Por ese motivo, programó cinco funciones –con salas llenas en todos los casos- en vez de las tres o cuatro habituales y organizó dos elencos totalmente diferentes, incluso en los papeles más episódicos, de seguro con el propósito de otorgar posibilidades a un mayor número de intérpretes. El éxito de esta nueva presentación escénica de una de las partituras más celebradas de Verdi estuvo justificado porque la versión, sin llegar a deslumbrar, alcanzó un aceptable nivel de calidad, con luces y sombras en ambos repartos –curiosamente más notorios en el primero de ellos- y una puesta lograda, aunque aquí también susceptible de ciertos…
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