Hay ocasiones en las que el contorno natural nos regala un marco inmejorable para abismarnos en determinadas músicas. Al menos así me lo parece en estos momentos, en los que puedo fundir la contemplación del océano Atlántico adentrándose en la ría de Muros y Noia con la audición del disco que hoy nos ocupa, y que de nuevo nos conduce a ese mar sonoro que es la obra de Morton Feldman (New York, 1926 - Buffalo, 1987).Como en el caso de la superficie oceánica, en las últimas composiciones del neoyorquino también se percibe esa síntesis de unidad y discrepancia que continuamente dibujan las olas adoptando perfiles y trazos singulares dentro de un organismo que las atempera, siendo así efímeras manifestaciones de la pluralidad posible en un conjunto homogéneo. A medida que nos acercamos a 1987, las obras de Morton Feldman son en este sentido…
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