Hace apenas un par de meses asistíamos, entre azorados y molestos, a una controvertida puesta de la misma ópera mozartiana por el segundo teatro lírico de nuestro país, el Argentino de La Plata. Ahora sube a escena en nuestro Primer Coliseo y desde ya resultó un alivio comprobar que estaba bastante libre de relecturas absurdas e innecesarias de su libreto y que su planteamiento se sujetaba, en mayor o menor grado, a las convenciones. Pero nos enfrentamos a una de las obras cumbres del repertorio lírico y esto, aunque necesario, no es suficiente.Si al término del extenso primer acto uno descubre que se ha aburrido, es que algunos -o varios- de los elementos en juego no funcionaron correctamente. Y si al finalizar el espectáculo se retira de la sala pensando que ha presenciado una función aceptable pero no más, evidentemente las cosas no…
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