Desde que en mayo pasado el Teatro Colón volvió a funcionar -al menos su sala está de nuevo activa, no así talleres y muchos sectores alejados de la vista del público, en los que todavía queda mucho por hacer- hubo una queja casi unánime para los conciertos: la carencia de una adecuada campana o caja acústica sobre el escenario.Ya desde el lejano concierto de pre-apertura, oportunamente comentado [leer reseña] se echaba en falta algo imprescindible para la correcta proyección de los sonidos. Se hicieron diferentes pruebas con viejas campanas o cortinados, pero todas resultaban inapropiadas. Se esperaba con ansia una campana que se suponía se estaba confeccionando fuera del país y cuya llegada nunca se concretaba. Al fin primó la cordura y se optó por la solución más lógica, que además debió ser la primera y única: hacerla aquí. Quizás la…
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